Las ganas de tener sexo cambian con el sueño, el estrés, las hormonas, los medicamentos y lo que esté pasando en la relación. Hay antidepresivos y anticonceptivos que las bajan, y casi nadie lo sabe cuando empieza a tomarlos.
Hay algo más que casi nunca se explica: para mucha gente el deseo no llega antes del contacto sino después. Quien no lo sabe se queda esperando unas ganas que no aparecen primero, y termina creyendo que algo anda mal. Estas seis preguntas separan una cosa de la otra.
Si prefieres leer sobre esto antes de responder, aquí está el artículo: Deseo sexual bajo: por qué se van las ganas y qué se puede hacer
Son seis preguntas y toma menos de dos minutos. No tienes que escribir nada: marcas la opción que más se te parezca, aunque no sea exacta. No hay respuestas buenas ni malas. Esto no es un diagnóstico y no reemplaza una consulta.
Lo que acabas de describir
Esto no es un diagnóstico. Es lo que acabas de contar, puesto en orden.
Dices que las ganas ya casi no llegan solas, o que el sexo casi no se te pasa por la cabeza. Le pasa a mucha gente, y es de lo que más se demora uno en hablar: como no duele, uno se acostumbra y lo deja pasar.
Dices que cuando hay caricias el cuerpo responde, aunque antes no hubiera ganas. Para mucha gente el deseo funciona así: llega después del contacto, no antes. Cuando nadie lo explica, uno se queda esperando unas ganas que no llegan primero y termina creyendo que algo anda mal. Y no es eso.
Dices que casi nunca el cuerpo responde, ni siquiera con caricias. Cuando pasa eso, lo primero es mirar el cuerpo: hormonas, tiroides, sueño y los medicamentos que tomas. Hay antidepresivos y anticonceptivos que bajan las ganas, y casi nadie lo sabe cuando empieza a tomarlos. Eso no se arregla dejando el medicamento por tu cuenta: se revisa en consulta, y casi siempre hay algo que ajustar.
Dices que te incomoda que te busquen. Casi nunca es solo falta de ganas. A veces hay algo con esa persona que todavía no se ha hablado. A veces hay algo del cuerpo que molesta o duele. Eso también vale la pena mirarlo en consulta.
Dices que antes no era así. Eso ayuda: cuando las ganas cambian, casi siempre hay algo que las cambió, y buena parte de esas cosas se ven con un examen y un laboratorio. No es igual que haber tenido pocas ganas toda la vida, y tampoco se maneja igual. Si el cambio empezó cerca de un medicamento nuevo, llévalo anotado con el nombre. No lo dejes ni le cambies la dosis por tu cuenta: eso se mira en la consulta.
Dices que a quien más le pesa es a la otra persona. Eso también se habla en consulta, y se habla distinto. No hay una cifra de cuántas veces al mes hay que querer. Querer menos que la otra persona no es lo mismo que tener un problema, y separar esas dos cosas suele quitar presión.
Por lo que respondiste, no se ve nada de cuidado, pero sí marcaste algo que vale la pena mirar. Las ganas cambian con el sueño, el estrés, los medicamentos y lo que pase en la relación. Qué está pesando en tu caso se mira en una consulta. No hace falta que algo ande mal para pedir una cita: también se consulta para mirar las cosas con calma y salir de dudas.
Por lo que respondiste, no se destaca nada. Si aun así algo te quedó dando vueltas, una consulta también sirve para preguntar y salir de la duda: no hace falta que algo ande mal. Y si más adelante cambia, esta página sigue acá.
Esta página no te puede decir qué tienes; una consulta sí. En la consulta revisamos las hormonas, los medicamentos que tomas, el sueño y lo que esté pasando en tu relación, si estás con alguien, y de ahí sale qué te está pasando y qué se puede hacer.